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02.01.2010 0:14
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Jesm


José Asunción Silva, poeta colombiano, nació en 1865 y murió en 1896. Residió en París donde conoció a Oscar Wilde y entró en contacto con los simbolistas franceses y las ideas de Schopenhauer. Su obra aportó formas muy originales al modernismo, dio a las formas y metros clásicos una renovada sonoridad. Sin embargo, todos los problemas económicos que sufrió lo inducieron al suicidio a una temprana edad (31 años).

Silva

Da clic en el título de cada poema para que se despliegue.

A veces cuando en alta noche
A veces, cuando en alta noche tranquila,
Sobre las teclas vuela tu mano blanca,
Como una mariposa sobre una lila
Y al teclado sonoro notas arranca,
Cruzando del espacio la negra sombra
Filtran por la ventana rayos de luna,
Que trazan luces largas sobre la alfombra,
Y en alas de las notas a otros lugares,
Vuelan mis pensamientos, cruzan los mares.
Y en gótico castillo donde en las piedras
Musgosas por los siglos, crecen las yedras,
Puestos de codos ambos en tu ventana
Miramos en las sombras morir el día
Y subir de los valles la noche umbría
Y soy tu paje rubio, mi castellana,
Y cuando en los espacios la noche cierra,
El fuego de tu estancia los muebles dora,
Y los dos nos miramos y sonreímos
Mientras que el viento afuera suspira y llora!
Avant-propos
Prescriben los facultativos
cuando el estómago se estraga,
al paciente pobre dispéptico
Dieta sin grasas.

Le prohiben las cosas dulces,
le aconsejan la carne asada
y le hacen tomar como tónico
gotas amargas.

¡Pobre estómago literario
que lo trivial fatiga y cansa,
no sigas leyendo poemas
llenos de lágrimas!

Deja las comidas que llenan,
historias, leyendas y dramas
y todas las sensiblerías
semi románticas.

Y para completar el régimen
que fortifica y que levanta,
ensaya una dosis de estas
gotas amargas.

El mal del siglo
EL PACIENTE:

Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,
el mal del siglo... el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano... un incesante
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis...

EL MÉDICO:

—Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo; báñese;
beba bien; coma bien; cuídese mucho:
¡Lo que usted tiene es hambre!...

Infancia
Con el recuerdo vago de las cosas
Que embellecen el tiempo y la distancia
Retornan a las almas cariñosas
Cual bandada de blancas mariposas,
Los plácidos recuerdos de la infancia.
¡Caperucita, Barba Azul, pequeños
Liliputienses; Gulliver gigante
Que flotáis en las brumas de los sueños,
Aquí tended las alas
Que yo con alegría
Llamaré para haceros compañía
A1 ratoncito Pérez y a Urdimalas!
¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos
Donde la idea brilla,
De la maestra la cansada mano,
Sobre los grandes caracteres rojos
De la rota cartilla,
Donde el esbozo de un bosquejo vago,
Frutos de instantes de infantil despecho,
Las separadas letras juntas puso
Bajo la sombra de impasible techo.
En alas de la brisa
Del luminoso Agosto, blanca, inquieta
A la región de las errantes nubes
Hacer que se levante la cometa
En húmeda mañana;
Con el vestido nuevo hecho jirones,
En las ramas gomosas del cerezo
El nido sorprender de copetones;
Escuchar de la abuela
Las sencillas historias peregrinas;
Perseguir las errantes golondrinas,
Abandonar la escuela
Y organizar horrísona batalla
En donde hacen las piedras de metralla
Y el ajado pañuelo de bandera;
Componer el pesebre
De los silos del monte levantados;
Tras el largo paseo bullicioso
Traer la grama leve,
Los corales, el musgo codiciado.
Y en extraños paisajes peregrinos
Y perspectivas nunca imaginadas,
Hacer de áureas arenas los caminos
Y de talco brillante las cascadas.
Los reyes colocar en la colina
Y colgada del techo
La estrella que sus pasos encamina,
Y en el portal el Niño Dios riente
Sobre mullido lecho
De musgo gris y verdecino helecho.
¡Alma blanca, mejillas sonrosadas,
Cutis de níveo armiño,
Cabellera de oro,
Ojos vivos de plácidas miradas,
Cuán bello hacéis al inocente niño!
Infancia, valle ameno,
De calma y de frescura bendecida
Donde es suave el rayo
Del sol que abrasa el resto de la vida.
¡Cómo es de santa tu inocencia pura,
Cómo tus breves dichas transitorias,
Cómo es de dulce en horas de amargura
Dirigir al pasado la mirada
Y evocar tus memorias!
Los maderos de San Juan
¡Aserrín!
¡Aserrán
Los maderos de San Juan,
Piden queso, piden pan,
Los de Roque
Alfandoque,
Los de Rique
Alfeñique
¡Los de triqui, triqui, tran!

Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela,
Con movimiento rítmico se balancea el niño
Y ambos agitados y trémulos están,
La abuela se sonríe con maternal cariño
Mas cruza por su espíritu como un temor extraño
Por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño
Los días ignorados del nieto guardarán.

Los maderos de San Juan
Piden queso, piden pan.
¡Triqui, triqui,
triqui, tran!

Esas arrugas hondas recuerdan una historia
De sufrimientos largos y silenciosa angustia
Y sus cabellos, blancos, como la nieve, están.
De un gran dolor el sello marcó la frente mustia
Y son sus ojos turbios espejos que empañaron
Los años, y que, ha tiempos, las formas reflejaron
De cosas y de seres que nunca volverán.

Los de Roque, alfandoque
¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Mañana euando duerma la Anciana, yerta y muda,
Lejos del mundo vivo, bajo la oscura sierra,
Donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están
Del nieto a la memoria, con grave son que encierra
Todo el poema triste de la remota infancia
Cruzando por las sombras del tiempo y la distancia
De aquella voz querida las notas vibrarán!

Los de Rique, alfeñique
¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Y en tanto en las rodillas cansadas de la Abuela
Con movimiento rítmico se balancea el niño
Y ambos conmovidos y trémulos están,
La Abuela se sonríe con maternal cariño
Mas cruza por su espíritu como un temor extraño
Por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño
Los días ignorados del nieto guardarán.

¡Aserrín!
¡Aserrán!

Los maderos de San Juan
Piden queso, piden pan,
Los de Roque
Alfandoque
Los de Rique
Alfeñique
¡Triqui, triqui, triqui, tran!
¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Madrigal
Tu tez rosada y pura, tus formas gráciles
de estatua de Tanagra, tu olor de lilas,
el carmín de tu boca, de labios tersos;
las miradas ardientes de tus pupilas,
el ritmo de tu paso, tu voz velada,
tus cabellos que suelen, si los despeina
tu mano blanca y fina toda hoyuelada,
cubrirte como un rico manto de reina;
tu voz, tus ademanes, tú... no te asombre:
todo eso está, y a gritos, pidiendo un hombre.
Midnight dreams
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
Mis sueños de otras épocas se me han aparecido.
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías
Y de felicidades que nunca han sido mías,
Se fueron acercando en lentas procesiones
Y de la alcoba oscura poblaron los rincones,
Hubo un silencio grave en todo el aposento
Y en el reloj la péndola detúvose al momento.
La fragancia indecisa de un olor olvidado,
Llegó como un fantasma y me habló del pasado.
Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde.
Y oí voces oídas ya no recuerdo dónde.
.......................................................................
Los sueños se acercaron y me vieron dormido,
Se fueron alejando, sin hacerme ruido
Y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra
Y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra!
Nocturno III
Una noche,
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche,
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
A mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
Por la senda que atraviesa la llanura florecida
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
Esta noche
Solo, el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
Por el infinito negro,
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba,
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida
Y el chillido
De las ranas,
Sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
¡Iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos
y de músicas de alas,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...
Nocturno III (inglés)
Translation by Luis Zalamea Borda

It was evening,
a night filled with perfumes, whispers and the music of bird' /wings;
A night
when fantastic glowworms flickered in the nuptial, humid shadows,
at my side, ever so slowly, close to me, listless and silent
as if prey to premonition of the most stinging pain
that inflamed the deep secret of your fibers,
over the path filled with flowers that stretched across the plain,
you were walking;
and the full moon
in the sky, so infinite, so unfathomable, spread its light.
And your shadow,
lean and languid,
and my shadow,
by the moon's rays silhouetted
on the path's sorrowful gravel,
were united
and were one,
but one long and lonely shadow,
but one long and lonely shadow,
ut one long and lonely shadow...
Tonight,
desolate; my soul
by your death so bitterly pained and anguished,
torn from you by time, distance and the grave
upon that infinite blackness
where our voice cannot be heard,
lone and mute,
on the path I kept on walking...
And dogs braying at the moon came to my ears,
at the pale face of the moon,
and the croaking of the frogs.
I felt cold; the same chill that in your chamber
numbed your precious cheeks, hands and brow
amidst the snow-white linens
of the funereal shroud.
It was frost out of the tomb, it was the ice of the dead,
and the chillness of the void...
And my shadow,
sketched out by the paleness of the moon,
walked alone
walked alone,
walked alone upon the prairie;
and your shadow, lean and graceful,
pure and languid,
as in that warm spring evening long ago,
as in that night filled with perfumes, whispers and the music of /bird' wings,
approached me and walked with mine,
approached me and walked with mine,
approached me and walked whit mine... Oh embraced shadows!
Oh the shadows of the bodies mingling with the shadows of the /souls!
Oh shadows that search each other in tear-filled and somber

Nocturno III (inglés)
Translation by José I. Laboy

One night,
A night filled with perfumes, whispers and the music of beating wings,
A night,
When the fantastic fireflies flickered amongst the nuptial and humid shadows,
At my side, slowly, so close to me, silent and pale,
As if a presentiment of infinite sorrow,
Your innermost fibers would shiver,
Along the path that crosses the flowered plain,
You were walking,
And the full moon,
In the blue sky so infinite and deep spread its white light,
And your shadow,
 And my shadow,
Casted by the moon's light
On the path's saddened sands,
Met
And were one,
One long shadow!
One long shadow!
One long shadow!
Tonight,
Alone, my soul
Full of pain and sorrow from your death,
Torn away from you by shadows, by time and by distance,
By the infinite darkness
Where our voices cannot be heard,
Alone and silent,
Along the path I walked,
I could hear the dogs barking at the moon,
At the moon's pale face,
And the croaking of the frogs.
I shivered, it was the cold that your cheeks, temples and lovely hands had in that room,
Among the snow-white winding-sheets,
It was the cold of the tomb, it was the cold of the dead,
The cold of nothingness...
And my shadow,
Casted by the moon's light,
Walked alone,
Walked alone,
Walked alone through the lonely prairie;
And your shadow, lean and listless,
As that warm evening of that dead Spring,
As that night filled with perfumes, whispers and the music of beating wings,
Approached mine and walked together,
Approached mine and walked together,
Approached mine and walked together... Oh the embraced shadows!
Oh the seeking shadows that meet in dark and teary nights!

Nocturno III (francés)
Traduction: Marcel Baiche

Une nuit,
une nuit toute pleine de parfums, de murmures et de musique d'ailes ;
une nuit
où luisaient dans l'ombre nuptiale et fraîche les fabuleuses lucioles,
à mon côté, lentement, toute blottie contre moi, muette et pâle,
comme si un pressentiment d'amertumes infinies
t'agitait jusqu'au plus secret de tes fibres,
par le sentier qui fuit dans la plaine fleurie
tu allais;
et la pleine lune
par les cieux azurés, infines el profonds répandait sa blanche lumière.
Et ton ombre,
fine et languissante,
et mon ombre,
projetées par les rayons de la lune,
sur le sable triste
du sentier s'unissaient
et n'étaient qu'une,
et n'étaient qu'une,
et n'étaient plus qu'une seule ombre longue,
et n'étaient plus qu'une seule ombre longue,
et n'étaient plus qu'une seule ombre longue...

Cette nuit,
seul; l'âme pleine des amertumes et des affres infinies de ta mort,
separé
de toi par le temps, la tombe et l'éloignement,
par le noir infini où notre voix n'atteint pas,
seul et muet
j'allais par le sentier...
Et les chiens burlaient à la lune, à la lune pâle,
et les grenouilles coassaient...
J'eus froid :
c'était le froid
qu'avaient sur ta couche tes joues et tes tempes et tes mains adorées
parmi les blancheurs neigeuses des draps mortuaires.
C'était le froid du sépulcre, c'était la glace de la mort,
c'était le froid du néant...
Et mon ombre,
projetée par les rayons de la lune,
allait seule,
allait seule,
allait seule par la steppe solitaire;
et ton ombre svelte et agile,
fine et languissante,
comme cette nuit tiède du printemps défunt,
comme cette nuit pleine de parfums, de murmures et de musique d'ailes,
s'approcha et vint avec elle,
s'approcha et vint avec elle,
s'approcha et vint avec elle...Oh, Les ombres enlacées !
Oh ! Les ombres des corps unies aux ombres des âmes !
Oh ! Les ombres qui se cherchent dans les nuits de tristesse et de larmes !

Nocturno III (italiano)
Traduzione: Pasquale Epifanio Iannini
All'insigne letterato Prof. Aguiló, Con emmirazione.
P. E. Iannini

Una notte,
Una notte piena di mormorii, di profumi
E musica d'ali;
Una notte
Nella quale ardevano nell'ombra umida, nuziale,
Le fantastiche lucciole,
Al mio fianco, lentamente, verso me, umil tutta,
Muta e pallida,
Come se un presentimento di infinite amarezze
Fino ai più profondi segreti delle fibre ti agitasse,
Per il sentiero che attraversa la fiorita pianura
Camminavi;
E la piena luna
Per l'infinito cielo, profondo ed azzurro,
Splendeva la bianca luce;
E la tua ombra
Svelta, agile,
Gentile e languida,
E la mia ombra
Propiettate dai raggi della luna
Sopra le tristi arene
Del sentiero, si univano,
Ed eran una
Ed eran una,
Ed eran una sola ombra lunga,
Ed eran una sola ombra lunga,
Ed eran una sola ombra lunga...
Questa notte
Solo; l'anima
Piena di infinite amarezze ed agonia
Dalla tua morte,
Separato da te stessa per il tempo
Per la lugubre distanza,
Per l'oscuro infinito
Dove nostra voce non giunge,
Muto e solo,
Per il sentiero camminavo...
E si udian i ladrati dei cani alla luna,
Alla pallida luna,
E il grucidio
Delle rane...
Sentii freddo. Era il freddo che avean nell'alcova
Le tue guance, le tue tempie, le tue mani adorate,
Dentro le nivee lenzuola
Della morte.
Era il freddo del sepolcro, era il gelo de la morte,
Era il freddo del nulla...
E la mia ombra
Riflessa dai raggi della luna,
Andava sola,
Andava sola,
Andava sola per la steppa solitaria;
E la tua ombra suelta, agile,
Gentile e languida,
Come in questa notte tiepida della spenta primavera,
Come in questa notte piena di sussurri e profumi
E musiche d'ali,
Si avvicinó e andó con lei,
Si avvicinó e andó con lei,
Si avvicinó e andó con lei...
Oh l'ombre abbracciate!
Oh l'ombre dei corpi che si uniscono
Con l'ombre dell'alme!
Oh le ombre che si cercano
Nelle notte di tristezze e lacrime!..

Nocturno III (portugués)
Uma noite,
Uma noite toda cheia de murmúrios, de perfumes e da música das asas;
Uma noite,
Em que ardiam na nupcial e úmida sombra das campinas as lucíolas fantásticas,
A meu lado lentamente, contra mim cingida toda, muda e pálida,
Como se um pressentimento de amarguras infinitas,
Até o fundo mais recondito das fibras te agitasse,
Pele senda que se perdo no horizonte da planície
Caminhavas;
E nos céus
Azulados e profundos esparzia a lua cheia sua claridade branca.
Tua sombra,
Fina e languida,
E a minha,
Projetadas pelos raios do luar na areia triste
Do caminho se juntavam
E eram uma,
E eram uma,
E eram uma sombra única,
Uma longa sombra única,
Uma longa sombra única...
Esta noite
Eu só, a alma
Cheia assim das infinitas amarguras e aflições de tua morte,
Separado de ti mesmo pelo tempo, pelo túmulo e a distancia,
Pela escuridão sem termo
Aonde a nossa voz não chega,
Silencioso
Pela senda caminhava...
E secutavam-se os ladridos dos cachorros para a lua,
Lua pálida,
E a coaxada
Dos batráquios...
Senti frio. O mesmo frio que coaram no meu corpo
Tuas faces e teus seios e teus dedos adorados
Entre as cándidas brancuras
Das cobertas mortuárias.
Era o frio do sepulcro, sopro gélido da morte,
Era o frio atroz do nada.
Minha sombra,
Projetada pelos raios do luar na areia triste,
Solitária,
Solitária,
Pela estepe desolada caminhava.
Foi então que a tua sombra
Agil e esbelta,
Fina e languida,
Como nessa extinta noite da passada primavera,
Noite cheia de murmúrios, de perfumes e da música das asas,
Acercou-se e foi com ela...
Acercou-se e foi com ela,
Acercou-se e foi com ela...Oh, as sombras enlaçadas!
Oh, as sombras de dois corpos que se juntam ás das almas!
Oh, as sombras que se buscan pelas noites de tristezas e de lagrimas
Poeta di paso
¡Cómo tendéis, las alas, ensueños vanos,
Cuando sobre las teclas vuelan sus manos.
Poeta, di paso
¡Poeta, di paso
Los furtivos besos!..
¡La sombra! ¡Los recuerdos!
La luna no vertía
Allí ni un solo rayo... Temblabas y eras mía.
Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso,
Una errante luciérnaga alumbró nuestro beso,
El contacto furtivo de tus labios de seda...
La selva negra y mística fue la alcoba sombría...
En aquel sitio el musgo tiene olor de reseda...
Filtró luz por las ramas cual si llegara el día,
Entre las nieblas pálidas la luna aparecía...
¡Poeta, di paso
Los íntimos besos !
¡Ah, de las noches dulces me acuerdo todavía!
En señorial alcoba, do la tapicería
Amortiguaba el ruido con sus hilos espesos
Desnuda tú en mis brazos, fueron míos tus besos;
Tu cuerpo de veinte años entre la roja seda,
Tus cabellos dorados y tu melancolía,
Tus frescuras de virgen y tu olor de reseda...
Apenas alumbraba la lámpara sombría
Los desteñidos hilos de la tapicería.
¡Poeta, di paso
El último beso!
¡Ah, de la noche trágica me acuerdo todavía!
E1 ataúd heráldico en el salón yacía,
Mi oído fatigado por vigilias y excesos,
Sintió como a distancia los monótonos rezos!
Tú, mustia, yerta y pálida entre la negra seda,
La llama de los cirios temblaba y se movía,
Perfumaba la atmósfera un olor de reseda,
Un crucifijo pálido los brazos extendía
Y estaba helada y cárdena tu boca que fue mía!
Un poema
Soñaba en ese entonces en forjar un poema,
De arte nervioso y nueva obra audaz y suprema,
Escogí entre un asunto grotesco y otro trágico
Llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico
Y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
Juntándose en las sombras, huyéndose y buscándose,
Ritmos sonoros, ritmos potentes, ritmos graves,
Unos cual choques de armas, otros cual cantos de aves.
De Oriente hasta Occidente, desde el Sur hasta el Norte
De metros y de formas se presentó la corte.
Tascando frenos áureos bajo las riendas frágiles
Cruzaron los tercetos, como corceles ágiles;
Abriéndose ancho paso por entre aquella grey
Vestido de oro y púrpura llegó el soneto rey,
Y allí cantaron todos... Entre la algarabía,
Me fascinó el espíritu, por su coquetería
Alguna estrofa aguda que excitó mi deseo,
Con el retintín claro de su campanilleo.
Y la escogí entre todas.. . Por regalo nupcial
Le di unas rimas ricas, de plata y de cristal.
En ella conté un cuento, que huyendo lo servil.
Tomó un carácter trágico, fantástico Y sutil,
Era la historia triste, desprestigiada y cierta
De una mujer hermosa, idolatrada y muerta,
Y para que sintieran la amargura, exprofeso,
Junté sílabas dulces como el sabor de un beso,
Bordé las frases de oro, les di música extraña
Como de mandolinas que un laúd acompaña,
Dejé en una luz vaga las hondas lejanías
Llenas de nieblas húmedas y de melancolías
Y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta,
Cruzan ágiles máscaras al compás de la orquesta,
Envueltas en palabras que ocultan como un velo,
Y con caretas negras de raso y terciopelo,
Cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones
De sentimientos místicos v humanas tentaciones...
Complacido en mis versos, con orgullo de artista,
Les di olor de heliotropos y color de amatista...
Le mostré mi poema a un crítico estupendo...
Y lo leyó seis veces y me dijo... ¡No entiendo!
Vejeces
Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
Sin voz y sin color, saben secretos
De las épocas muertas, de las vidas
Que ya nadie conserva en la memoria,
Y a veces a los hombres, cuando inquietos
Las miran y las palpan, con extrañas
Voces de agonizante, dicen, paso,
Casi al oído, alguna rara historia
Que tiene oscuridad de telarañas,
Son de laúd y suavidad de raso.
¡Colores de anticuada miniatura,
Hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
Cincelado puñal; carta borrosa,
Tabla en que se deshace la pintura
Por el tiempo y el polvo ennegrecida;
Histórico blasón, donde se pierde
La divisa latina, presuntuosa,
Medio borrada por el líquen verde;
Misales de las viejas sacristías;
De otros siglos fantásticos espejos
Que en el azogue de las lunas frías
Guardáis de lo pasado los reflejos;
Arca, en un tiempo de ducados llena,
Crucifijo que tanto moribundo,
Humedeció con lágrimas de pena
Y besó con amor grave y profundo;
Negro sillón de Córdoba; alacena
Que guardaba un tesoro peregrino
Y donde anida la polilla sola;
Sortija que adornaste el dedo fino
De algún hidalgo de espadín y gola;
Mayúsculas del viejo pergamino;
Batista tenue que a vainilla hueles;
Seda que te deshaces en la trama
Confusa de los ricos brocateles;
Arpa olvidada que al sonar, te quejas;
Barrotes que formáis un monograma
Incomprensible en las antiguas rejas,
El vulgo os huye, el soñador os ama
Y en vuestra muda sociedad reclama
Las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
Con esencias fantásticas y añejas
Y nos lleva a lugares halagüeños
En épocas distantes y mejores;
Por eso a los poetas soñadores,
Les son dulces, gratísimas y caras,
Las crónicas, historias y consejas,
Las formas, los estilos, los colores,
Las sugestiones místicas y raras
Y los perfumes de las cosas viejas.
Zospermos
El conocido sabio
Cornelius Van Kerrinken,
que disfrutó en Hamburgo
de una clientela enorme
y que dejó un in folio
de setecientas páginas
sobre hígado y riñones,
abandonado luego
por todos sus amigos
murió en Leipzig maniático,
desprestigiado y pobre,
debido a sus estudios
de los últimos años
sobre espermatozoides.

Frente de un microscopio
que le costó un sentido,
obra maestra y única
de un óptico de Londres;
la vista recogida,
temblándole las manos,
ansioso, fijo, inmóvil
reconcentrado y torvo,
como un fantasma pálido
a media voz decía:
“¡Oh! mira cómo corren
y bullen y se mueven
y luchan y se agitan
los espermatozoides:
¡Mira! si no estuviera
perdido para siempre;
si huyendo por caminos
que todos no conocen
hubiera al fin logrado
tras múltiples esfuerzos
el convertirse en hombre,
corriéndole los años
hubiera sido un Werther,
y tras de mil angustias
y gestas y pasiones
se hubiera suicidado
con un Smith y Wesson
ese espermatozoide.

Aquél de más arriba
que vibra a dos milímetros
del Werther suprimido,
del vidrio junto al borde,
hubiera sido un héroe
de nuestras grandes guerras.
Alguna estatua en bronce
hubiera recordado,
cual vencedor intrépido
y conductor insigne
de tropas y cañones,
y general en jefe
de todos los ejércitos,
a ése espermatozoide.

Aquél hubiera sido
la Gretchen de algún Fausto;
ése de más arriba
un heredero noble
dueño a los veintiún años
de algún millón de thalers
y un título de conde;
aquél, un usurero;
el otro, el pequeñísimo,
algún poeta lírico;
y el otro, aquél enorme,
un profesor científico
que hubiera escrito un libro
sobre espermatozoides. Afortunadamente
perdidos para siempre
os agitáis ahora
¡oh puntos que sois hombres!
entre los vidrios gruesos
traslúcidos y diáfanos
del microscopio enorme
afortunadamente,
zospermos, en la tierra
no creceréis poblándola
de dichas y de horrores;
dentro de diez minutos
todos estaréis muertos.
¡Hola! esparmatozoides.
Así el ilustre sabio
Cornelius Van Kerrinken,
que disfrutó en Hamburgo
de una clientela enorme
y que dejó un in folio
de setecientas páginas
sobre hígado y riñones,
murió en Leipzig maniático
desprestigiado y pobre,
debido a sus estudios
de los últimos años
sobre espermatozoides.