Tormenta
Paso a paso, como llovizna de abril,
mi saliva se va quedando
en cada poro de tu piel.
Y en la horcadura
donde emana la vida
se riega mi simiente,
liberando una tormenta
de placer y de gloria,
acto seguido… la calma.
Q.E.P.D.
¡Que amargo sabor
tengo en mi boca!
En esta boca donde se han muerto
las palabras que hablaban de ti.
Divinidad
Dios bendiga
el movimiento altanero y vanidoso
de tus caderas,
exótica operación matemática
que suma y multiplica pasiones.
Dios bendiga tus caderas
y sus alucinantes curvas pecaminosas
que parecen salidas
del Cantar de los Cantares.
Caderas que son reclamadas a gritos
en las calles por donde transitas,
caderas que cada noche
convierto en grupas
y monto para conquistar la vida
y abandonarme por completo al placer.
Olvido
Hoy se me olvidó
que te olvidé,
y quise entonces devolver
los besos que te debo,
escribir el verso que te prometí
y repasar de nuevo
la lección de la vida
escrita en tu piel.
Sólo que la misma vida me tocó el hombro
y recobré la memoria.
A oscuras
¿Para qué la claridad
si la oscuridad me lo da todo?
Me da tu piel para que las ganas se viertan
y mis manos se pierdan en ella.
Me da unos labios a pedir de boca
y la oportunidad de besarte
sin cerrar los ojos.
Me da también la eternidad del tiempo
que Cupido detiene
para que la noche sea inmortal.
¿Para qué la claridad, amor,
si la oscuridad nos los da todo?
Aprendizaje
De ti aprendí
que el blanco es el color del lunes,
que cada noche
hay que reinventar los sueños,
que la seducción debe ser brutal
y que el amor hay que darlo a borbotones.
Tu me enseñaste
que el café del desayuno
debe ser dulce, muy dulce,
que los besos a hurtadillas
son los mejores,
que de vez en cuando
hay que creer en el horóscopo
sin perder la fe en Dios,
y que una mujer
es más hermosa desnuda
que bien vestida.
De ti aprendí
que las canciones de Silvio
no son tan raras como parecen,
y que una copa de vino diaria
evita el infarto.
Tú me enseñaste que cualquier sitio
es bueno para hacer el amor.
De ti aprendí
que no hay que rezar demasiado
para conseguir un milagro,
que solo basta el amor
para mover montañas.
Miedo
Sabes, a veces tengo miedo.
Miedo de no tenerte a mi lado
para que me cierres los ojos
cuando la muerte decida
tomarme de la mano.
Musa
Que venga Erato
para que me inspire
el poema de tu cuerpo
y convierta en palabras
esta pasión
que noche a noche
se vuelve perenne.