Carpe Nocta
I

La noche y tú. Como la sangre por el cuerpo, fluyes por la noche y brillas. Tú y ella tienen mucho en común: la incertidumbre, la belleza... La noche, eterno escenario de nuestros llantos y besos, nos envuelve, nos arrulla, se hace aliada en las huidas, testigo en las pasiones y espectadora en nuestro histriónico sinsentido. ¿Para quién estaremos actuando?

II

Es cierto, es a ella, la noche, a quien más le han llovido mis ojos; es ella quien me ha escuchado gritar tu nombre, quien me ha visto sangrar las manos y la boca, quien me ha visto buscarte cuando te duermes tras la luna. Pero es también ella la que nos ha dado la pauta para amarnos, la cómplice de muchos besos y el telón que nos oculta las manos, bocas y gestos... Es a ella, la noche, a quien le debo muchas de tus presencias y te quieros, la vida misma, se la debo a ella, desde el momento en que dijiste “me quedo”.

III

Tú y yo somos de noche, tenemos hambres y cuerpos de noche, llevamos la noche oculta en los ojos, los huesos, la sangre de noche. Tememos al sol, a que un día nos sorprenda desnudos, pálidos, con las bocas aún insatisfechas, manchadas con la sangre del otro... Pero el sol nunca sale del todo para nosotros, y nos escondemos en las sombras hasta estar seguros de que ya no nos verá, y salimos de nuevo a buscarnos con las ansias puestas y las venas hinchadas, el deseo en la boca, las pupilas abiertas de par en par... y la noche, una vez más, nos sonríe.

IV

Disfruta la noche. Ya el telón está de frente, terciopelo negro que se vierte sobre la realidad, nos ponemos de pie y nos buscamos en el espejo, maquillaje, cabello, preparamos nuestras líneas, las ensayamos... Pero el espejo nada sabe de nosotros, no nos ve, nunca nos ha sabido pintar en su superficie; es mejor mirarnos y decirnos lo que vemos y desearnos otra vez, es mejor salir al escenario, ya las estrellas llenan los palcos, suena la música, se abre el telón... Disfruta la noche mientras representamos para ella nuestro amor.

Ensayo de tu presencia
I

No te tengo ni eres mía, no estás conmigo, más bien me sucedes; me sucedes en las tardes, pretendiendo esconderte entre los estudiantes; me sucedes en los días que menos espero esperarte y que son los que más te espero. No te tengo, tan sólo me sucedes, eres como accidental, como esas cosas que uno nunca aprende a recibir sin sorpresa, como todo aquello que resalta de un paisaje, como contrastas y te abrillantas tú entre la multitud cuando te reconozco y me sorprendo, y es entonces que me sucedes.

II

Mi explicación del mundo, de mí mismo, está llena de espacios vacíos, como huecos, como incompletitudes, como momentos en los que se me han caído las palabras, que se han formado en los espacios vacíos de ti, cuando no te tengo ni te pienso, cuando me dedico a no ser yo y me convierto en ese otro extraño, el de palabras en serie, imágenes en serie, el que trabaja con papeles en la oficina, el que camina en las calles y es olvidado y es vivido. Mi definición del mundo, de mí mismo, es sólo una colección de momentos contigo, con tu piel, tus manos y tu voz, que tantas lecciones de mí me han dado en las tardes, cada vez que me sucedes.

III

¿Qué es tu presencia? Tal vez se trate de migajas de certeza de que existo o de gaviotas nocturnas en el alma; tal vez las bocas o las manos, las canas mías, los ojos tuyos, no sé, no sé. Es difícil describir el bosque cuando se está dentro de él. Te siento, es indudable, vivo de ti, respiro de ti y, no me avergüenza decirlo: me haces falta. Pero qué eres tú si no una metáfora de mi relación con el mundo, qué si no estas manos que se arrugan de necesitarte y le dan al aire las formas de tu cuerpo, qué si no yo mismo, mi boca llena de besos para darte, mis ojos desnudos, ávidos de ti, de que por fin llegue la tarde y aparezcas de pronto, bella, accidental, necesaria.

Eternidad
I

Mis manos frías, las horas, mis ansias disueltas, mi sed, mi muerte con aguacero, pero sin parís; mis ganas sin ganas, mi vejez prematura, mi cansancio, tus palabras; mi intención de eternidad, mi miedo al vacío, tu sin querer, mi sin poder; mis huesos cansados, mis calles oscuras, mis labios de tabaco sin tus labios, tu ruido de tacones, mi detenimiento, mi sospecha de ti; tu olor en el aire, mis ojos buscadores, mis temblores, tus cercanías; tu cara en mi frente, mis ojos húmedos, tu aliento en mi boca, mi pecho excitado, mi deseo; tu media vuelta, mi mano estirada, tu alejamiento; mi llanto, mis huesos otra vez viejos, tu ausencia fresca en mis brazos, recién pintada, mis besos en el aire, donde falta tu cara; mis manos frías, las horas, mis ansias disueltas...

II

Quédate aquí. Puedo ver pasar mi vida sobre tu cara, como si fuera a morir y fueras tú mi testamento. Debo morir, la mortalidad es una condición para el goce, debes saberme muerto. Sigue viendo la pantalla, yo te veo a ti. Pienso que quiero tocarte y que haría cualquier cosa y que no hay nada más y todo eso, pero yo busco un nuevo pensamiento, busco inaugurar una ventana entre los dos, pero necesito palabras nuevas, nunca antes oídas, y lo nunca antes oído no se siente. No hay palabras, murieron cuando nos vimos y nos concebimos como etéreos y finitos. Pienso en tocarte de nuevo y tú me miras de pronto...
Quédate aquí porque te amo.

III

A veces siento que nunca vas a ser mía. Te miro andar y moverte, soltarte el cabello, miro tu vientre inflarse cuando respiras, pego mi cara para sentirlo y tú sonríes. Miro tus ojos humedecerse, se contraen tus labios y yo te abrazo, te siento en mis brazos y creo que de vas a hacer de humo o de aire y ya te extraño. A veces siento que nunca vas a ser mía y es cuando más me muero.

IV

La eternidad está colgada en las paredes, nos mira abrazados, acariciándonos el miedo a la despedida. Cada uno piensa por su parte, manoseamos el futuro como arcilla, queriendo darle forma y miramos los cuadros buscando el espejo, atrapados entre lo fugaz y lo eterno, entre historias que se han hecho leyendas y fábulas aún no escritas; pero mi destino es un tintero sediento de tu nombre, de palabras como lazos que te aten a mí, hambriento de escribir tu mirada, tus besos, palabras como amor y siempre, como cercanía y desnudez, como morirme en paz, en silencio, en tus brazos.

Recogiendo frases
I

Demasiado complicado, demasiado abrupto es el caudal de tus ojos. Tus ojos sin lágrimas, sin luna de fines de noviembre, sin atardeceres, tus ojos conmigo y sin él, con él y sin mí, sinmigo y sin él, conmigo y contigo...

II

Seguramente en otro lugar, en otro momento y en otros brazos hay otra tú, idéntica y con los mismos ojos, otra tú que seguramente se llama Misterio y tiene los mismos ojos de infinito, el mismo sonido de alma inquieta como río que yo escucho, que por eso estoy aquí. Si el río suena es porque alguien quiere escucharlo, y yo quiero escuchar tu caudal de infinitas probabilidades, de miles de monedas en el aire que me incitan a especular tus besos y tus gestos, tus sueños y tu sed, tus manos, tus manos...

III

Recogiendo frases todo tiene que ver contigo, es decir conmigo. Porque esa imagen tuya no es más que otra imagen de mí, no es más que el modo en que ensucio la idea de tu presencia para mí, otro yo que me deifica al hablar conmigo, que me pide que busque y no sabe qué, y yo tampoco, pero hago caso y lo busco en la memoria, en la calle, en tus ojos de caudal... creo encontrarlo, sobretodo cuando sonríes y cierras los ojos y estiras una mano y me tocas... y cierro los ojos.

IV

No existe en mi realidad geografía más extensa que la de tu ser, tu ser pequeño, como gota de agua que cae al mar y se convierte en él; ya no nadas en mi incomprensión, eres mi incomprensión, porque yo no comprendo nada que venga de ti, y me conformo con desnudarme cada noche y dejarme sentir y sentirte incomprendida cuando ríes y besas y gimes, cuando lloras contra mi pecho y rendimos el culto doloroso a los pasados que arrastramos y que nos arrastran, norte yo, sur tú, como queriendo alejarnos, pero el mundo es redondo, Misterio, ya nos volveremos a topar y nos amaremos otra vez, tú con tu infinita desintención de hacer belleza, yo con mi estúpida necesidad de entenderlo todo. Si nos separan, ya nos veremos de nuevo.

V

Déjame verte desnuda. A veces quiero ser invisible, como de aire o de olor, para poder verte andar y moverte en la más profunda intimidad, cuando no estás conmigo, porque sacando cuentas te conozco demasiado poco, sólo te he visto cuando estás conmigo, digo, tu cuerpo, porque cuando digo soy necesariamente hablo de ti, de tu pequeño ser de gota que se hace mi mar.

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