No hay muchas novedades en Barcelona estos últimos tiempos. Después del viaje a Monserrat, me resfrié otra vez. El segundo o tercer catarro en tres meses. Así voy calculando el promedio de resfriados anuales, teniendo en cuenta que en Besançon me enfermaba dos o tres veces al año. Alguna relación de causalidad debe haber entre la contaminación de Barcelona y la circulación de virus traídos de todo el mundo por los innumerables turistas y mis catarros. Pero qué se le va a hacer.
Superada la gripe, estuve en Francia una semana. Algo largo. Pero tuve tiempo de hablar con mi directora de investigación para hacer algunos ajustes a mi plan de trabajo para este año y de ver a toda la gente que aún no se va, que ya van siendo pocos. Afortunadamente no nos hizo mucho frío, así evité el choque climático. Sólo hubo choque emocional. Aunque en tres meses nada ha cambiado, era demasiado pronto para tener la sensación de haberme ido.
De regreso al otoño templado de Barcelona. Otoño que por cierto empezó bastante tarde. La foto de arriba es del 25 de noviembre, los árboles apenas empezaban a amarillearse. Aún algunos no han terminado de perder las hojas. Pero no nos devolvamos tanto, estábamos casi a mediados de diciembre regresando a Barcelona. El clima suave como siempre. Sentimos la ola de fría que golpeó a toda Europa. Pero obviamente acá siempre se siente menos. Tuvimos dos o tres días en que hubo que prender la calefacción y salir con abrigo. Luego pasó el frío, apagamos la calefacción y seguimos saliendo en camiseta y chaqueta como siempre. A veces un saco delgado. El clima perfecto. Aunque bastante lluvioso estos últimos días.
La universidad tampoco ha sido pesada. Teníamos dos cursos este semestre. De ahí salieron un par de trabajos para entregar, que se sumaron a algunos ejercicios de mis clases de inglés y catalán. Hice mi primera presentación en inglés sin guión. Es que para el congreso de julio había preparado todo el texto y simplemente lo leí. Esta vez reuní el valor de hacer la presentación sin leerla. Concluyamos pues que estoy progresando en inglés. Y catalán sin problemas, hace unas semanas ya había hecho una presentación oral sin ningún problema, ese es mi terreno, ahí no tengo tantas dificultades. No hubo, ni habrá, exámenes escritos. Porque el semestre en realidad termina en enero así que aún nos quedan algunas cosas para entregar. Así pues, todo bastante suave.
Y así llegamos al tema navideño. El 21, el día más corto del año e inicio oficial del invierno, nos amaneció después de las 8 y debió oscurecer antes de las 5. Pero ya superado ese pico, los días empiezan a alargarse otra vez. Cada día vamos ganando unos minutos de luz. Las vacaciones empezaron el 23. Aquí todo es medio loco, empezamos vacaciones el miércoles 23 y volvemos el jueves 7. No sé qué les cuesta arreglar las vacaciones con los fines de semana. Y bueno, el 24 me quedé aquí. Los argentinos estaban todos y habían invitados a algunos amigos, unos uruguayos y unos rusos. Prepararon senda cena y nos zampamos toda la comida y nos tomamos entre los 9 como 17 botellas de vino, cava y champaña e hicieron bulla y bailaron como buenos latinos… en fin, debíamos ser los únicos a varios cientos de metros a la redonda en semejante alboroto. A las cuatro de la mañana le bajaron el volumen a la música antes de que viniera la policía a poner multa. Y por fin a la cama. Al menos una Navidad un poco más animada que las últimas.
25 y 26 son festivos acá. Hoy salí con tres exestudiantes que están de asistentes en Francia y que vinieron de visita a Barcelona estos días. Dimos una vuelta por el centro. Aprovechando para hacer algo de turismo porque desde que llegué a vivir aquí ya no visito nada, sólo voy de la casa a la universidad y de la universidad a la casa. Aquí pasábamos por el Arc de Triomf.
Esta es la Rambla, tan animada como cuando no hace frío, toda iluminada.
Y henos aquí a los cuatro. Sandra, Ángela y Jenny, tres estudiantes de un curso de gramática francesa que di un poco antes de irme para Francia.





