Llevo más de una semana tratando de escribir este mensaje y hasta ahora no había logrado sacar el tiempo. A ver, hagamos un recuento sucinto en orden cronológico.
El primero de septiembre dejé todo organizado en Francia. Ya había comprado y arreglado mis nuevas maletas, había limpiado el cuarto y estaba listo para entregarlo. De mis 4 inmensas maletas, una se fue en carro hasta Barcelona (con Tessa, la irlandesa), otra se quedó en la casa de un amigo en Besançon y yo me llevé dos. Otro amigo en la noche me llevó en carro hasta la estación de tren. Y de ahí a Barcelona sólo fueron 12 horas con un cambio en la frontera en que nada más tuve que cambiar de lado de andén. Al llegar, hacia medio día, Tessa fue a recogerme en carro a la estación y me llevó hasta mi nuevo apartamento.
Así que el trasteo no fue gran cosa. Fue más difícil la llegada a Francia en el 2007 con una sola maleta que esta vez,aunque fuera mucho más cargado, por toda la ayuda que tuve. En el apartamento, que lo comparto con 3 argentinos, me esperaba uno de los muchachos que me dio la bienvenida y me explicó rápidamente.
De ahí para acá todo se encadenó y en nada ya se me fue armando mi nueva rutina. El cambio de ciudad no es nada que me desoriente. Habiendo estado cuatro veces en Barcelona, la última hace escasas semanas, la llegada acá fue de lo más familiar.
Tessa venía con tres amigas inglesas que venían a pasar unos días de vacaciones aprovechando el carro alquilado. El primer día, el miércoles, pasamos toda la tarde juntos. El jueves se me fue en desempacar y organizar todo en mi cuarto, en hacer las primeras compras de rigor para equiparme con lo mínimo y en volver a salir con las muchachas en la noche. Muy campantes estábamos comiendo tapas en una placita a media noche… a años luz de lo que es concebible en Francia.
Ahí va una foto de mi cuarto. Tengo un armario inmenso, un escritorio bastante pequeño en el que no me cabe todo con la comodidad que tenía en Besançon, una mesita de noche y una cama semi-doble. Me hace falta alguna especie de biblioteca, pero no tengo espacio y afortunadamente todos mis libros se quedaron en Francia. Las primeras noches hacía en mi cuarto más de 30 grados, ahora últimamente generalmente entre 25 y 30, así que agradezco el ventilador que tengo también. Y pues de lo único que me tengo que quejar es de la ventana. Tengo sólo una que da al patio interior. Lo bueno es que no tengo ruido (excepto el de los vecinos que hasta ahora han sido relativamente decentes) pero lo muy malo es que tengo muy poca luz (aunque estando yo en el séptimo piso supongo que debo tener mucha más luz que los pobres de abajo).
El apartamento está muy bien en todo caso, fue el mejor de los que visité en julio. Esta es la vista de la sala-comedor. La puerta que se ve a la derecha da a los dos cuartos y el baño de los hermanos que viven acá. Al tomar el corredor que se ve a la izquierda, está a la derecha primero la cocina, y luego al fondo, hacia la derecha también, otro hall que da a los otros dos cuartos que tienen otro baño compartido. Al fondo, derecho, la puerta de salida. Lo bueno del apartamento es que tiene esos dos espacios bien distintos, los cuartos del fondo son bien independientes de los del frente. El otro muchacho que está conmigo nunca está, así que prácticamente tengo ese espacio y ese baño para mí. Y bueno, hasta ahora la convivencia sin problemas, son muy tranquilos, poco ruidosos, limpios… ya veremos.
Y tenemos un balconcito también.
Y para seguir con el relato, el viernes fui con Tessa a la universidad. Ella se inscribió a un curso de español, yo al de catalán. Dimos una vuelta por la facultad, averiguamos sobre algunos trámites administrativos y se nos fue el día. El fin de semana lo dediqué a hacer un reconocimiento de los centros comerciales por la zona en que vivo. Es que el hecho de volverme a sentir por fin en una ciudad me despierta mis impulsos urbanos. Estuve los primeros días en una nube en medio de la gente, el tumulto, el tráfico, el metro…
Y recién desempacado y todo, empecé mi curso de catalán intensivo el lunes. Mi semana se resume a: a las 8:15 tenía que hacer alguna vuelta administrativa, luego tomaba el tren para ir a la universidad (media hora de viaje) para empezar mi clase a las 10. Al terminar a las 2, almorzar en el restaurante de la universidad y luego volver al centro a hacer otras cosas pendientes.
Creo que apenas estoy superando el descuadre de horarios. Empezar clases a las 10, almorzar a las 2 o 2 y media, comer mucho más tarde, pero igual levantarme temprano para hacer vueltas. En fin. Y pues ni hablar de la burocracia. Mientras no tenga la tarjeta de residencia yo no existo aquí. Y para tenerla me falta todavía un certificado de la universidad que llevo más de una semana esperando. Tuve que abrir una cuenta bancaria como no residente (más cara) porque todavía no existo (y después de 3 intentos porque cada sede del mismo banco pone sus propias reglas, en una me pidieron 50 euros, en otra 600 y en otra 300). Tuve que comprar mi nuevo teléfono en prepago (más caro) porque todavía no existo (y después de 5 o 6 intentos porque, primero, tenía que probar todas las posibilidades para un pospago y, segundo, cuando me decidí por el prepago, resulta que estaba agotado en todas partes). Aún no puedo meterme al gimnasio porque todavía no existo. Ni siquiera una simple tarjeta de puntos en una tienda puedo tener porque todavía no existo. Ah, pero bueno, por lo menos tengo un papel que dice que vivo. Porque el estado español permite que cualquier persona se empadrone, o sea declare su domicilio acá, sea cual sea el estatus que tenga. Así que vivo, pero no existo. Y así será por al menos un mes y medio más.
Y bueno, entre el curso y la burocracia se fue la semana. Para completar, el lunes me empezó a doler la garganta, hacia el miércoles, jueves me empezaron los mocos y los estornudos y terminé la semana encerrado en mi cuarto esperando a que me pasara la gripa. Ya creo que sobreviví y estoy listo para volver a mi curso mañana en la mañana.
