Hoy fue el día del gran tour, el día de las visitas indispensables en París. El clima sigue más o menos igual, pero al menos no llovió, así que pudimos caminar todo el día (después de que salimos como a las 10 de la mañana). Como el hotel queda justo detrás del parque de la Villette y de la Ciudad de las Ciencias y la Industria, empezamos echándole un vistazo a eso. Atravesamos el edificio (un Maloka en grande), vimos el cine desde afuera (la Géode) y cruzamos el resto del parque hasta el metro.
De ahí, atravesamos París hasta el barrio de la Defensa. Caminamos por la explanada viendo todos los edificios y fuimos hasta el Arca. Luego, haciéndole caso al antiguo y sabio adagio aquel que reza “adonde fueres, has lo que vieres”, entramos al centro comercial a hacer cola en una sandwichería para almorzar y luego pedimos degustación gratis de coca-cola light para acompañar el sandwich duro y frío (sí, todo es posible en este mundo – y nada fue decisión mía)…
Después de un desvío en tranvía para que mi mamá viera cómo funcionan, la siguiente escala fue el Arco del Triunfo.
Hicimos el típico ejercicio (que ya habíamos hecho también desde el Arca, aunque la niebla no ayuda mucho) de mirar en línea recta desde el Arco hasta el Obelisco por un lado y hasta el Arca por el otro para constatar que todo está en línea recta y que cuando está despejado se ve desde un extremo hasta el otro. Este es el lado de los Campos Elíseos, o sea con el Obelisco al fondo.
Luego, obviamente, nos caminamos todos los Campos Elíseos. Aquí se ve el Arco después de haber recorrido una buena parte de la avenida.
La entretención de hoy no fueron las vitrinas (supongo que por estar llenas de objetos a precios inalcanzables), sino las castañas tostadas que venden en cada esquina durante el invierno. Aquí en plena sesión de degustación.
Nos desviamos un momento para ver el puente Alejandro III. Para eso, hay que pasar entre el Pequeño Palacio y el Gran Palacio. Éste es el Pequeño.
Llegamos al puente, el de la fama de ser el más elegante de París. Viniendo de los Campos Elíseos se alcanza a ver la cúpula de los Inválidos al fondo.
También se ve desde el puente la Torre. Pero hoy estaba un poco tímida. Y nos escondió la cara, sólo mostró el cuerpo.
Hasta aquí llegamos para entender la historia de los Inválidos.
Y luego nos devolvimos para seguir el paseo por la famosa avenida, con un marco bastante otoñal (e incluso navideño porque ya instalaron todas las iluminaciones, aunque parece que todavía no las prenden).
Llegamos hasta la Plaza de la Concordia, examinamos el Obelisco y toda la historia grabada por los lados.
Vimos las fuentes de la misma plaza. Esta es al lado en que se ve al fondo la Iglesia de la Magdalena.
Y atravesamos los Jardines de las Tullerías hasta el Palacio del Louvre.
Aquí decidimos bajar para ver todo lo que hay bajo la pirámide. La entrada después de las 6 era más barata. Pero mi mamá dijo que mejor con eso comíamos algo. Claro, cuando le dije que era uno de los museos más importantes del mundo, cambió de opinión. Entonces le pregunté la hora y me dijo que eran las 5:30. “Esperemos media hora pues”, dijimos. Y muy a las 6, nos dimos cuenta de que había mirado mal el reloj y a las 6, eran en realidad las 5. Así que esta es la triste historia de la visita que no se hizo.
Después de eso, el frío tampoco la dejó pasearse mucho. Alcanzamos a ver la torre iluminada cuando empezó a oscurecer a las 6, pero prefirió devolverse para el hotel a tomar algo caliente y no paseamos más. Mañana seguiremos con los indispensables, apenas estamos empezando y ya sólo nos queda un día. Necesitaremos un segundo viaje para completar el recorrido y para poder entrar a los sitios que apenas hemos visto desde afuera…
