Bueno, nuevo viaje, mismo blog… finalmente aunque la cosa es distinta y la duración indefinida aún, mucho tiene esto de paseo y puede contarse de manera similar.
Salida del país un poco menos tranquila que las veces anteriores. Primero, revisada de maleta (obviamente perdiendo la plata de la sellada que no dejaron repetir) porque había algo sospechoso… Quién sabe qué era. Pero al final al policía le dio pereza de ver mi maleta tan llena y “por ser de la Nacional” me dejó pasar… Pero bueno, todo para enterarme de que mi pequeña maleta que llevaba sólo lo necesario tenía 15 kilos de sobrepeso. Así que tenía la opción de abrirla y sacar literalmente casi la mitad de lo que llevaba o pagarlos… Decisión complicada, sobre todo por el precio de cada kilo pero ni modo, tocó pagarlos. Supongo que cuando me devuelva voy a tener que dejar todo lo que traigo para poder llevarme apenas lo que haya comprado de acá a allá.
Despedida muy sobria esta vez. Mi hermana y mis papás. Menos complicada en la medida en que ya no era la primera vez, pero difícil por no tener ninguna seguridad sobre mi regreso que podría ser dentro de un año o tal vez en varios.
El embarque de lo más normal. No me molestaron la maleta de mano. Vuelo poco turbulento. Cada vez se me hacen más cortos estos viajes. Claro, es que 11 horas no es nada contra las veinte y pico que llegué a pasar en buses en Perú. Llegada muy puntual a París a las 11 de la mañana hora local (4:00 a.m. hora colombiana). Paso por inmigración sin problema. En la aduana me pararon a ver si llegaba algo de declarar, par de preguntas y bueno afuera.
Y pues bueno, el desubique total. A comprar una tarjeta de teléfono para llamar a mis ex estudiantes que me iban a dejar quedar una noche en París. Luego a buscar la estación del tren de cercanías. Llegando me doy cuenta de que los tiquetes se compran en máquinas y sólo aceptan monedas o tarjetas y no tengo ni lo uno ni lo otro. Así que empecé a dar vueltas para ver qué hacía. Entro a tomar una económica gaseosa de casi 3 euros para que me digan que no tienen sencillo, que mejor vaya a la máquina que cambia billetes por monedas. Cuando al fin la encuentro resulta que no tiene plata. No sé cuántas vueltas más hasta que me doy cuenta que también hay ventanillas donde venden los tiquetes. Lo compro. Pero no puedo entrar a la estación porque mi maleta no cabe. Así que alguien tiene que ayudarme a pasarla por encima.
Ya estando ahí. Tuve que cambiar de tren en una estación del centro para tomar el que me iba a llevar a la plaza Nación. Llegué finalmente con todo en mis manos. Prueba casi superada. Excepto porque las ruedas de la maleta empezaron a molestar (tal vez me estaba excediendo un poquito de peso) y terminé casi arrastrándola (me duelen los brazos, las piernas, un hombro…). Llego y no sé dónde timbrar. Timbro en todo y nada. Así que de nuevo a arrastrar maleta para llamar otra vez. Y bueno, al fin. Subir maleta al segundo piso.
Almorzamos, hablamos un rato. Por la tardecita salí a reencontrarme con París.
Pasé por la Alcaldía,
Notre-Dame,
la isla Saint-Louis,
la plaza de Vosges,
el Louvre
Como hasta las 8 caminando. Muerto de cansancio obviamente porque sólo dormí unas cuatro horas en el avión. Pero qué importa, tenía que aprovechar la pasada por París. Y la disfruté. París en invierno no es lo mismo que París a finales de verano, la luz es distinta, los edificios se ven de otra manera. Notre-Dame que la primera vez no me gustó me pareció súper bonita esta vez. Conocí un patio del Louvre que la vez pasada no había visto… en fin. Valió la pena.
Y mañana en la mañana para Besançon. Así la transición fue más paulatina. Ya estoy en Francia, pero el día hoy con dos colombianas fue fácil. Vamos a ver cómo me va con la llegada a la universidad y a la residencia.
