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Mi ponqué

Así fue como llegó mi ponqué de cumpleaños: como proyectado en el espacio-tiempo por varios miles de kilómetros y un mes y medio en el futuro.

Mi torta adelantada de cumpleaños

Mi torta adelantada de cumpleaños

Barcelona bajo la nieve

Esto merece algunas fotos. Barcelona se cubrió de nieve hoy. Es algo bastante inusual. Ya por la mañana, cuando salí para la universidad, aunque no nevaba en Barcelona, el camino estaba bastante blanco desde las afueras de la ciudad. Luego, en la universidad, a las 2 de la tarde desalojaron las bibliotecas, a las 3 los restaurantes. No me quedó más remedio que volver a Barcelona.

Así se veía el campus antes de irme.

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

Esta es mi querida hemeroteca. Hoy cerrada…

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

Al llegar a Barcelona resulta que nevaba igual que en el interior. Hace mucho tiempo que no nevaba así aquí por lo que decían en televisión. El caso es que cuando llegué se veía nevar pero no se acumulaba la nieve. Entré a hacer algunas comprar a un supermercado y, al salir, las calles estaban blancas. La nieve empezaba a acumularse.

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

Así se veía todo desde mi balcón… No paró en todo el día, nevó y nevó y nevó. Obviamente, con todas las consecuencias que eso tiene en el tráfico, la circulación del transporte público e incluso en el suministro de electricidad. Hubo cortes de luz, trenes bloqueados, carros varados…

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

La universidad suspendió todas las actividades mañana por la mañana, aunque ya no debería haber nieve desde esta madrugada.

Y yo que pensaba que este año no iba a ver nevadas así de fuertes… Después de todo es bonito ver nevar, y la nieve antes de que se convierta en barrizal. Pero verla de lejitos, nada más…

Valencia y otras salidas

No han pasado grandes cosas estas últimas semanas. La semana pasada retomé los cursos de inglés y del máster. La universidad volvió a llenarse de estudiantes, empieza la rutina del segundo semestre.

El clima tan variable como siempre. Días de lluvia y luego días de sol. Días de más frío y luego temperaturas primaverales. El invierno oficialmente aún no termina. El paisaje de hecho aún sigue siendo invernal.

UAB

UAB

Como siempre, sigo pasando buena parte del día en la biblioteca trabajando en el proyecto de investigación. Ahí vamos avanzando. En unos dos meses el trabajo debería estar casi terminado. Aunque la sustentación es en junio. A mediados de junio nos vamos a reencontrar todos los que empezamos el año pasado en Francia. La mitad está en Inglaterra ahora y la otra mitad aquí. Y como los que mandan decidieron que las sustentaciones fueran en Portugal (ya que allá está una de las universidades del consorcio que maneja nuestro máster), allá nos vamos a ver todos y vamos a pasar una semana juntos antes de coger cada cual su camino, algunos de vuelta a sus países, otros seguramente no. En cuanto a mí, aún sigo dudoso sobre qué hacer…

UAB, Plaza Cívica

UAB, Plaza Cívica

He estado turisteando un poco últimamente. Hace unas semanas estuve visitando el Tibidabo, que es una montañita a un lado de Barcelona en la que hay una iglesia y se ve buena parte de la ciudad. Fui de noche, así que la vista era relativamente limitada, pero sirvió para conocer porque no había ido.

Tibidabo

Tibidabo

Luego al Montjuïc, que es otra montañita pero más hacia el mar. Esta es mucho más grande y como era de noche sólo fui por un lado. Esta es la torre de telecomunicaciones del Montjuïc, construida por Calatrava, un valenciano del que hay otras fotos más abajo.

Montjuïc

Montjuïc

El fin de semana que pasó, estuve con Tessa, la de siempre, y una compañera nueva, una mexicana, en Valencia. Íbamos a visitar a una amiga inglesa de Tessa que conocemos de Besançon y que estaba visitando al novio, también de Besançon, pero que ahora vive en Valencia. Así aprovechando la excusa aprovechamos para conocer la ciudad. Yo ya había estado de paso en el 2002 cuando fuimos con los muchachos del colegio en el que trabajaba a Alicante, pero fue como ir por primera vez porque no recordaba prácticamente nada.

Este es el mercado central. Uno de los más grandes de Europa, aunque más tranquilito y menos turístico que la Boquería en Barcelona, por ejemplo.

Valencia: mercado central

Valencia: mercado central

Luego la Catedral, que en sí es bastante discreta y pasaría desapercibida si uno no supiera que está ahí. Más bonita se ve desde el campanario, el Miguelete.

Valencia: catedral

Valencia: catedral

Y todas estas vistas son desde el campanario. Estas son las torres de Serranos.

Valencia: torre de Serranos

Valencia: torre de Serranos

Cúpulas azules.

Valencia: desde el Miguelete

Valencia: desde el Miguelete

Y más cúpulas azules.

Valencia: desde el Miguelete

Valencia: desde el Miguelete

Luego la estación de trenes pegadita a la plaza de toros.

Valencia: estación de trenes

Valencia: estación de trenes

Otras torres más, las de Quart.

Valencia: torres de Quart

Valencia: torres de Quart

Y aquí llegamos a la Ciudad de las artes y las ciencias. Es un complejo que fueron inaugurando por partes entre el 98 y el 2005. Construido por Calatrava, el valenciano del que hablaba antes, y Candela. Mide unos dos kilómetros de largo y está en el antiguo cauce de un río que desviaron en los 50 y que convirtieron luego en jardín.

Este es el Museo de las Ciencias con forma de esqueleto de dinosaurio.

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Este es el Umbracle, un paseo ajardinado con especies de la región y cubierto de arcos.

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

El Hemisférico, con forma de ojo, que es una sala de cine IMAX, y, al fondo, el Palacio de las Artes.

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Aquí se ve el puente de l’Assut de l’Or, un puente atirantado. Y detrás el Ágora, que es una plaza cubierta. Detrás de todo eso esta el oceanográfico más grande de Europa.

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Teníamos un par de horas así que no entramos a nada. Sólo le dimos una vuelta a los edificios, sacamos fotos y aprovechamos del clima que hacía.

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Este es Gulliver, tirado también en el jardín que atraviesa la ciudad…

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

Valencia: ciudad de las artes y las ciencias

De excursión

Démosle algo de vida al blog.

El inicio de año bastante normal. Las temperaturas suben y bajan. Tuvimos unos días bastante fríos y ya estamos otra vez con temperaturas bastante suaves. Los días se alargan, vamos viendo el sol más seguido.

El semestre se termina también y ahora estoy dedicado a mi trabajo de investigación. Tengo unas semanas para dedicarme de lleno a eso antes de volver a los cursos de idiomas y al único curso que tenemos el segundo semestre en el máster.

No he hecho mucho turismo desde que estoy acá. Pero este sábado estuve visitando un pueblito aquí en Cataluña. Se llama Perelada, es una miniatura y tal vez no sea de los más bonitos tampoco pero estuvo bien para salir un poco de la ciudad.

Estuvimos en el museo donde se veía un poco todas las tradiciones de la comarca (Empordà) y estas ruinas del claustro del monasterio.

Perelada. Claustro

Perelada. Claustro

Perelada. Claustro

Perelada. Claustro

Esto más o menos era todo el pueblo.

Perelada

Perelada

Perelada

Perelada

Y el castillo del siglo XV. Pero es propiedad privada ahora y sólo se puede ir al casino y al patio para ver la fachada.

Perelada. Castillo

Perelada. Castillo

Luego pasamos por Figueras que es mucho más grande y es donde está el teatro-museo de Dalí, el gran atractivo turístico de la ciudad. Dalí nació y murió aquí y le ofreció a la ciudad decorar este teatro para que fuera su museo. Aquí el patio.

Figueres. Museo Dalí

Figueres. Museo Dalí

Este es un salón. Visto desde abajo es como una chimenea y un sofá, pero al subir y verlo desde este lente es como una cara de mujer con los cuadros como ojos, la chimenea como nariz y el sofá como boca.

Figueres. Museo Dalí

Figueres. Museo Dalí

Y aquí el cuadro en que se ve a Lincoln de lejos y a Gala, la esposa de Dalí, de cerca. En la foto obviamente se ve más la cara de Lincoln.

Figueres. Museo Dalí

Figueres. Museo Dalí

Año nuevo

Inauguremos el año con un mensaje corto. Es que no hay mucho que contar de estos últimos días. Estas dos semanas de vacaciones las dediqué a una serie de tareas de mantenimiento de mis computadores y mis sitios. Cosas que toman tiempo y que nunca alcanzo a hacer mientras estoy estudiando.

El 31 lo pasé de nuevo con los argentinos en el apartamento. Esta vez éramos menos y la celebración fue mucha más tranquila que la de Navidad. Picamos un poco de charcutería, quesos, quiches. Y pues a media noche sucumbimos a la tradición española de las 12 uvas. Había de donde escoger por televisión. Cada canal con su propio estilo, a media noche muestran las campanadas desde algún lugar de España y les van indicando a la gente cuándo hay que irse comiendo cada una. Nosotros escogimos la Plaza del Sol en Madrid. A media noche salieron las 12 uvas abajo en la pantalla y un par de pacman que se iban comiendo una a una al ritmo de las campanas de la plaza. Y a atragantarnos para mandarnos las doce al mismo tiempo que los mamarrachos (con pepas y todo adentro…). Y encima el cava, la champaña catalana infaltable…

De resto hemos tenido algo de frío, como en todas partes. Aunque aquí en Barcelona no ha habido nieve como en el resto de España. Y la verdad el frío tampoco es tan duro, es a penas más frío que Bogotá cuando hace frío. Bastante soportable.

Las clases empezaron este jueves que pasó y ya todo va volviendo a la normalidad después de Reyes que es la gran fiesta aquí para los niños y que marca el final de la época Navideña. El 6 llegan los Reyes y hacen un desfile por el centro y el alcalde les entrega las llaves de todas las casas de la ciudad para que vayan a repartir los regalos para todos los niños durante la noche. Y todo el despliegue de la noticia y todo por televisión…

Un par de fotos más de las visitas turísticas que estuve haciendo la última semana de diciembre con mis exalumnas que vinieron a Barcelona.

Plaça del Rei

Plaça del Rei

Barri Gòtic

Barri Gòtic

Navidades

No hay muchas novedades en Barcelona estos últimos tiempos. Después del viaje a Monserrat, me resfrié otra vez. El segundo o tercer catarro en tres meses. Así voy calculando el promedio de resfriados anuales, teniendo en cuenta que en Besançon me enfermaba dos o tres veces al año. Alguna relación de causalidad debe haber entre la contaminación de Barcelona y la circulación de virus traídos de todo el mundo por los innumerables turistas y mis catarros. Pero qué se le va a hacer.

Superada la gripe, estuve en Francia una semana. Algo largo. Pero tuve tiempo de hablar con mi directora de investigación para hacer algunos ajustes a mi plan de trabajo para este año y de ver a toda la gente que aún no se va, que ya van siendo pocos. Afortunadamente no nos hizo mucho frío, así evité el choque climático. Sólo hubo choque emocional. Aunque en tres meses nada ha cambiado, era demasiado pronto para tener la sensación de haberme ido.

Un otoño en la UAB

Un otoño en la UAB

De regreso al otoño templado de Barcelona. Otoño que por cierto empezó bastante tarde. La foto de arriba es del 25 de noviembre, los árboles apenas empezaban a amarillearse. Aún algunos no han terminado de perder las hojas. Pero no nos devolvamos tanto, estábamos casi a mediados de diciembre regresando a Barcelona. El clima suave como siempre. Sentimos la ola de fría que golpeó a toda Europa. Pero obviamente acá siempre se siente menos. Tuvimos dos o tres días en que hubo que prender la calefacción y salir con abrigo. Luego pasó el frío, apagamos la calefacción y seguimos saliendo en camiseta y chaqueta como siempre. A veces un saco delgado. El clima perfecto. Aunque bastante lluvioso estos últimos días.

La universidad tampoco ha sido pesada. Teníamos dos cursos este semestre. De ahí salieron un par de trabajos para entregar, que se sumaron a algunos ejercicios de mis clases de inglés y catalán. Hice mi primera presentación en inglés sin guión. Es que para el congreso de julio había preparado todo el texto y simplemente lo leí. Esta vez reuní el valor de hacer la presentación sin leerla. Concluyamos pues que estoy progresando en inglés. Y catalán sin problemas, hace unas semanas ya había hecho una presentación oral sin ningún problema, ese es mi terreno, ahí no tengo tantas dificultades. No hubo, ni habrá, exámenes escritos. Porque el semestre en realidad termina en enero así que aún nos quedan algunas cosas para entregar. Así pues, todo bastante suave.

Y así llegamos al tema navideño. El 21, el día más corto del año e inicio oficial del invierno, nos amaneció después de las 8 y debió oscurecer antes de las 5. Pero ya superado ese pico, los días empiezan a alargarse otra vez. Cada día vamos ganando unos minutos de luz. Las vacaciones empezaron el 23. Aquí todo es medio loco, empezamos vacaciones el miércoles 23 y volvemos el jueves 7. No sé qué les cuesta arreglar las vacaciones con los fines de semana. Y bueno, el 24 me quedé aquí. Los argentinos estaban todos y habían invitados a algunos amigos, unos uruguayos y unos rusos. Prepararon senda cena y nos zampamos toda la comida y nos tomamos entre los 9 como 17 botellas de vino, cava y champaña e hicieron bulla y bailaron como buenos latinos… en fin, debíamos ser los únicos a varios cientos de metros a la redonda en semejante alboroto. A las cuatro de la mañana le bajaron el volumen a la música antes de que viniera la policía a poner multa. Y por fin a la cama. Al menos una Navidad un poco más animada que las últimas.

25 y 26 son festivos acá. Hoy salí con tres exestudiantes que están de asistentes en Francia y que vinieron de visita a Barcelona estos días. Dimos una vuelta por el centro. Aprovechando para hacer algo de turismo porque desde que llegué a vivir aquí ya no visito nada, sólo voy de la casa a la universidad y de la universidad a la casa. Aquí pasábamos por el Arc de Triomf.

Con mis exestudiantes en el Arc de Triomf

Con mis exestudiantes en el Arc de Triomf

Esta es la Rambla, tan animada como cuando no hace frío, toda iluminada.

Decoración navideña en las Ramblas

Decoración navideña en las Ramblas

Decoración navideña en las Ramblas

Decoración navideña en las Ramblas

Y henos aquí a los cuatro. Sandra, Ángela y Jenny, tres estudiantes de un curso de gramática francesa que di un poco antes de irme para Francia.

Con mis exestudiantes en las Ramblas

Con mis exestudiantes en las Ramblas

Montserrat

Para estrenar esta nueva versión del blog e ir probando las nuevas funcionalidades, van algunas fotos sobre una salida que hicimos hace unos días a Montserrat. Tessa, mi amiga irlandesa, tenía visita, una de las compañeras de apartamento de Besançon que vino a pasar un fin de semana acá. Con Mathylde, la única francesa del máster este año aquí en Barcelona, nos fuimos de peregrinaje.

Montserrat está a unos 45 minutos de Barcelona en tren. Después de haber hecho el recorrido de pie, podíamos subir en funicular o en teleférico. Escogimos el teleférico. Aquí vamos subiendo.

Montserrat: teleférico

Montserrat: teleférico

A diferencia de nuestro Monserrate, el Montserrat catalán está sólo a 1100 metros, el desnivel del funicular es sólo de unos 500 metros y se llega como a un pueblito en el que está el Monasterio con la Basílica en la que está la Virgen de Montserrat (porque aquí se peregrina para ver a una virgen y no a un cristo). Aquí estamos en la entrada del Monasterio.

Montserrat: Tessa, Mathylde y yo

Montserrat: Tessa, Mathylde y yo

Lo particular de la virgen es que es negra. Pero había tanta cola para verla, que nos contentamos con darle una vuelta a la iglesia y ver a la virgen de lejos, porque está como en un segundo piso por encima del altar. Y luego nos fuimos a darle una vuelta al pueblo. Aquí se ve la Basílica por detrás.

Montserrat: monasterio

Montserrat: monasterio

Después del picnic, nos fuimos a pasear por la montaña. Porque aparte de la peregrinación, se pueden hacer recorridos por senderos que llevan a distintas partes del macizo. Aquí ya vamos cogiendo camino.

Montserrat: paisaje

Montserrat: paisaje

Queríamos ver una cruz desde la que nos dijeron que había un mirador muy bueno. Pero nos perdimos por la mala señalización de los senderos y terminamos llegando a esta chiquita que no tenía nada de especial pero desde la que veíamos también hasta bastante lejos.

Montserrat: cruz

Montserrat: cruz

Y como verán, el clima sigue bastante primaveral. Y nos hizo muy buen día ese domingo.

Montserrat

Montserrat

Y la panorámica de costumbre.

Montserrat: panorámica

Montserrat: panorámica

Un otoño en Barcelona

Ya casi completo dos meses sin escribir. Todo un récord después de dos años publicando regularmente con ausencias que nunca habrán superado el mes. Pero como bien lo dice el dicho, pas de nouvelles, bonnes nouvelles. O como lo diríamos en español con palabras un poco distintas, las malas noticias son las primeras que se saben.

Asumiendo que aún me quede algún lector después de esta larga ausencia, supongo que es hora de contarles cómo me está yendo en mi nueva vida en Barcelona.

Pues resumiendo, estoy encantado con la vida en esta ciudad mediterránea. Desde lo que podría ser la visión más estereotipada hasta la vida académica cotidiana, todo ha tenido un impacto bastante positivo en mí.

El clima es casi perfecto. El final del verano se alargó y se alargó y todavía hay días en que me sigo sintiendo en final de verano, estando ya a mediados de noviembre. Me molesta un poco algunos días la humedad. Creo que es lo único que no me gusta, esa sensación pegajosa que se acentúa en algunos momentos. Pero las temperaturas son en general muy agradables. Andamos en camiseta y pantalones cortos todo septiembre y parte de octubre. Apenas ahora empezamos a usar sacos y chaquetas ligeras. Aunque hay días que sobran y con una simple camisa se está más que bien. Obviamente, el tiempo cambia todo los días y hemos tenido días mucho más fríos. Sobre todo en las mañanas temprano cuando las temperaturas ya pueden estar por los diez grados o menos. En cualquier caso, aunque el estereotipo de que aquí siempre hace buen tiempo sea falso, sí es cierto que ni nos asamos en verano, ni nos congelamos en invierno (bueno, sí, calor y frío hace, pero no como en otras partes). A veces nos llueve, y mucho, y a veces no vemos el sol en días… pero no importa, el resto compensa.

Aparte del clima, que aunque se quiera o no es algo que juega un papel importante en como se siente uno, también está la duración de los días. Claro que hay una variación grande entre el verano y el invierno, pero los días siempre serán más largos aquí que en Besançon, ya que estamos un poco más al sur. Eso es algo que me gusta. Después del cambio de hora en octubre, todavía puedo salir en las mañana a las 7 y ya veo luz. Oscurece cada vez más temprano, pero eso no impide que haya en cualquier caso más tiempo de luz, lo que tiene su importancia para alguien que viene del trópico.

Sumados a esos dos factores climático-estacionales, creo que lo mejor de todo ha sido el hecho de volverme a sentir en una ciudad. Yo, todo un bogotano convencido, no estoy hecho para vivir en un pueblo de 120 mil gatos. Besançon empezaba a hacer estragos en mi mente, me sentía encerrado, la monotonía acechaba en cada esquina de las máximo 10 calles que debía haber en cualquier dirección en la que fuera cuando estaba en el centro. Me aburría cada vez más.

Ahora, Barcelona tampoco es una gran ciudad. Bogotá es 2 casi 3 veces más grande que este gran pueblo. Pero bueno, es un pueblo cosmopolita, lleno de turistas, de idiomas distintos en cada esquina del centro. Es suficientemente grande como para que después de dos meses de haber llegado, todavía tenga la sensación de que no conozco bien ni mi propio barrio. Me sigo perdiendo incluso en sitios cercanos a mi casa. Y hay muchas partes que aún no he visto. Esta semana todavía descubría supermercados y fruterías y tiendas a algunas calles de donde vivo.

Barcelona tampoco es una ciudad de postal. Con excepción de la Barcelona de Gaudí, el resto es simplemente una ciudad normal, con sus barrios más antiguos o más nuevos. Algunos son laberintos de callecitas más estrechas, otros son perfectamente cuadriculados con calles amplias y regulares. Pero lo que no se le puede quitar, es que Barcelona es una ciudad que es agradable de ver, de vivir, de pasear.

Es una ciudad viva, como muchas en España. Eso también forma parte de lo mejor que me ha pasado aquí, el poder salir a cualquier hora del día o de la noche, de la madrugada incluso, y encontrar siempre el flujo incesante de gente por las calles del centro. El poder salir a tomarse una cerveza a las 10 de la noche e ir luego a comer, a cenar como dicen aquí, con tapas obviamente, casi a media noche. Es como si una parte de la ciudad nunca durmiera. El metro funciona toda la noche los sábados, y hasta la madrugada otros días. Sí, ya sé… Barcelona no es tan viva como Madrid, pero para ser un pueblote de 3 millones de habitantes, no está nada mal.

Y aunque para muchos Barcelona sea una ciudad poco segura y medio caótica (qué más podría pensar la gente que viene de algunos países nórdicos o germánicos donde todo funciona como un relojito suizo, por ejemplo), para mí esta es la mezcla perfecta de seguridad (qué más podría pensar un bogotano) y de caos. Es un medio estimulante y variado. Suficientemente diverso como para que mi cerebro no se muera de aburrimiento y suficientemente desorganizado para no perder la costumbre del desorden de mi Bogotá.

Y el toque que completa todo, es el bilingüismo que se respira acá. El tema es delicado. Hay quien cree que la sociedad catalana es una sociedad completamente bilingüe pero también hay quien dice que el catalán es una lengua aristocrática hablada como debe ser por sólo una minoría de la población. Hay quien cree que todos los que lleguen deberían aprenderlo para integrarse y que no deberían venir si no están de acuerdo. Y hay quien piensa que el catalán es sólo una molestia ya que después de todo estamos en España en donde todo el mundo debería hablar español, o castellano como se le dice aquí.

Al llegar a la universidad, nos entregaron una bolsa llena de material (en catalán obviamente). Nos daban la bienvenida al país (sí, al País Catalán… el País Catalán que está dentro del Estado Español). Nos explicaban la idiosincrasia de la sociedad catalana, las particularidades en los comportamientos. Incluso nos daban una guía de conversación y un diccionario. La universidad nos regala también dos cursos para que empecemos a aprender la lengua. Todo financiado por la Generalitat, el gobierno de este país. Hay que ver la cantidad de material didáctico que hay, los manuales, los diccionarios, las gramáticas, los libros de conjugación, los sitios de auto-aprendizaje por Internet. En algún punto hay que concluir que se le ha invertido mucha y mucha plata a la normalización y la difusión del catalán. Es algo que no se puede negar.

Y pues, aunque a algunos les cause conflictos la tensión lingüística que siempre está en el aire, yo opté por unírmele al enemigo. Tome el curso súper intensivo de 20 horas semanales de catalán todo septiembre. Y empecé el semi-intensivo de 8 horas semanales desde octubre hasta enero. Y he aprendido muchas cosas… pero nunca las uso. El problema es que el catalán está en todas partes pero a la vez es un idioma del que se puede prácticamente prescindir la mayor parte del tiempo. Toda la señalización en todas las entidades públicas está en catalán, mucha publicidad está en catalán, hay radios y cadenas de televisión en catalán, hasta el menú del restaurante en la universidad siempre está en catalán. Pero para un hispano-hablante, será siempre más fácil vivir en castellano que en catalán. Así que lo que se necesita es más una competencia pasiva que activa del catalán. Y bueno, para un lingüista, hay un claro interés en el hecho de aprender un nuevo idioma…

Bueno, pero no estoy sólo aprendiendo catalán. Finalmente, tomé la decisión de presentar una prueba de nivel de inglés también. Me mandaron al nivel 5… lo que no está nada mal ya que sólo hay 6. He mejorado un poco supongo en estas semanas, pero necesitaré algún día una inmersión para poder poner en práctica todo eso.

Y con esto llego al tema de mi cotidianidad académica. Mis días empiezan muy temprano, me levanto hacia las 6:15 de lunes a jueves. Decidí tomar el curso de inglés a las 8 para obligarme a estar temprano en la universidad y poder aprovechar el día. Antes de las siete empieza la aventura. Voy a coger el metro, tengo que tomar el de las 7:08, si lo pierdo y cojo el de las 7:11 luego tengo que atravesarme la estación de metro, salir y entrar a la de ferrocarriles, todo en tiempo récord, para llegar a las 7:18 al tren que sale a las 7:19 rumbo a Sabadell. Sabadell es una ciudad a unos 20 kilómetros de Barcelona. Mi universidad está por el camino, a 15 km de Barcelona. Así que tengo todos los días unos 30 minutos de tren en los que, cuando no voy cabeceando porque no dormí suficiente, aprovecho para leer. Ya terminé Le Rouge et le Noir y ahora me estoy leyendo Man in the Dark de Auster. Llego a la Autónoma a las 7:50, tengo que caminar otro buen trecho para llegar al servicio de lenguas y empezar clase a las 8.

A las 9, salgo rumbo al gimnasio. El servicio de actividades físicas de la universidad tiene sala de fitness, piscina, canchas de tenis, de squash, etc., etc. Me saco el jugo durante hora y media o dos horas. Hacia las 11, llego al restaurante. Voy por mi segundo desayuno. Normalmente sólo tengo tiempo de comer cereales antes de salir por la mañana. Después del ejercicio, voy por un café con leche y un cruasán de jamón con queso.

(Nótense los colores del azúcar, los mismos de la bandera catalana – amarillo y blanco -, y los mensajes impresos – “vull fer país”, o sea “quiero hacer país” y “visca Catalunya”, o sea “viva Cataluña).

A veces aprovecho para terminar las tareas de catalán y luego vuelvo a clase. De 12 a 2 estoy en clase de catalán. Al salir, es hora de almorzar, o de comer como dicen aquí. Ya sabemos todos que la vida en España está corrida unas dos o tres horas, así que entre las 2 y las 5 se puede comer en cualquiera de los restaurantes de la universidad. La comida no es cara, pero tampoco cuesta los 2.85 euros que pagaba en Francia. Si como primero y segundo, pago 4,70. Si como primero y segundo más agua o postre, ya son 5 y pico, y si me llevo el agua y el postre, son casi 6. Tampoco es que se coman delicias todos los días, pero para un flojo como yo que no cocino ni los fines de semana, no hay solución más práctica. De lo que sí estoy seguro, es de que la grasa y las calorías quemadas en el gimnasio todos los días, las recupero perfectamente al almuerzo, así que no corro ningún riesgo de desaparecerme. El menú típico tiene papás a la francesa y alguna carne de segundo, y ensalada o pasta de primero, todo bañado por generosas dosis de grasa.

Terminado el almuerzo, el siguiente paso depende de los días. Los martes y jueves tengo clase de máster de 3:30 a 7:30. Y a las 7:30 emprendo el viaje de regreso a Barcelona para estar llegando a mi casa hacia las 8:30 o más tarde si paso a hacer compras antes por alguno de los cincuenta mil supermercados que tengo en el camino y que están abiertos hasta las 9 o 10 de la noche.

Los lunes y miércoles me voy a la biblioteca. Como ya se habrán dado cuenta, el campus es inmenso y tiene de todo. El campus de la Autónoma no es un campus típico en España ni en Europa, pero me gusta mucho, tiene un aire a la Nacional, una ciudad universitaria verde con todo lo que un estudiante necesite. Con la diferencia de que la Nacional está enclavada en plena ciudad y la Autónoma está enclavada en las montañas a varios kilómetros de cualquier ciudad (lo cual tiene una explicación en el hecho de que la universidad apenas tiene 40 años y de que construyeron el campus hacia el final de la dictadura de Franco con el objetivo de sacar a los estudiantes de la ciudad y de aislarlos para que no pudieran alborotarse y hacer muchos aspavientos).

Pero decía entonces que tiene un aire a la Nacional, a ciudad universitaria, pero también a universidad pública llena de graffitis reivindicatorios de todo tipo (que sólo se hable catalán en las clases, que afuera extranjeros – entendido como todo lo que no sea catalán, aunque sea español -, que la señora rectora no debía haber cancelado la fiesta mayor excusándose en la supuesta crisis, que no a los despidos injustificados de Pepita y de Marujita las señoras de la fotocopiadora, que no a la represión del movimiento estudiantil, que más o menos lo mismo que se puede decir en cualquier universidad pública en Colombia, en Francia o en España).

Pero más allá de ese ambiente de inconformismo a todo y de la pobreza estética de las construcciones (porque aparte de todo se construyó en tiempo récord para poder sacar pronto a los estudiantes de Barcelona), pues la infraestructura no está mal. Hay varios bares-restaurantes en los que se puede desayunar de 9 a 12 y almorzar de 2 a 5. Varias bibliotecas bastante grandes y bien equipadas. Una estación de trenes de Renfe (la compañía española) y otra de Ferrocarriles (la compañía catalana). Un cine, residencias estudiantiles con supermercado y no sé qué más comercios, una oficina de correos, dos bancos y varios cajeros, peluquería, una tienda de ropa, una librería-papelería inmensa, una escuela de conducción. Y mucho verde por todos lados.

Personalmente, no me aburro en el campus, por eso paso mis días de 8 a 8 allá. Y decía pues que los días que no tengo clase, me voy a alguna de las bibliotecas y estudio catalán e inglés hasta que me aburra (porque cierran a las 9 y en períodos de exámenes algunas ni siquiera cierran). Me gusta sobre todo la hemeroteca porque tiene un ventanal inmenso que da a la plaza Cívica, algo como la plaza Che de la Nacional.

Esta es una vista de la Cívica desde el tercer piso de la hemeroteca, el edificio cuadrado es el restaurante más grande, todo el resto alrededor son comercios y al fondo el cine.

A principios de noviembre normalmente la universidad organizaba la fiesta mayor, con conciertos y espectáculos. Pero este año la rectora decidió cancelarla porque decía que en tiempos de crisis hay otras prioridades que gastarse la plata en fiestas. Los estudiantes, obviamente descontentos, decidieron organizar una fiesta alternativa para probar que puede haber fiesta así sea sin apoyo de la administración. Además porque no falta el que dice que todo era una excusa para poder acabar con la fiesta… Afortunadamente aquí todavía no desalojan y cierran la universidad por razones de seguridad como sí pasa en otras partes (cualquier paralelo con el aquelarre es mera coincidencia).

Total, el punto es que la fiesta se hizo, un jueves en la tarde-noche-madrugada. Pero resultó ser simplemente una gran aglomeración de gente, con algunos remedos de conciertos y mucho, mucho, mucho, mucho alcohol. Resultado, la universidad quedó hecha un basurero y así se quedó hasta el lunes que la gente de limpieza arregló todo. Este era el panorama frente a la biblioteca de Humanidades el viernes en la tarde.

Los viernes no voy a la universidad a menos que tenga alguna conferencia del máster. Normalmente me levanto muchísimo más tarde para recuperar sueño. Entre viernes y sábado me dedico a problemas más domésticos. Lavar ropa, limpiar el baño, barrer un poco, ir de compras. También pasé bastante tiempo con los problemas administrativos. La solicitud de tarjeta de residente fue toda una aventura. Que se necesita estar matriculado en la universidad para poderla solicitar pero en la universidad se necesita presentar la solicitud para poderse matricular. Esos círculos viciosos presentes en cualquier buena burocracia. Pasé semanas y semanas tratando de reunir todos los papeles. Finalmente la solicité y apenas hoy la reclamé, mi pedazo de papel plastificado como cualquier vulgar carné que dice que me puedo quedar en España hasta el dos de septiembre del 2010. Y vayan a saber lo que voy a hacer después de eso…

Mi celular fue otro viacrucis. No hubo manera, a pesar de los no sé cuántos intentos que hice, de poder comprar un pospago antes de tener el número de identificación de extranjeros. Y como eso tomó varias semanas terminé con un prepago, que también tuve que luchar para lograr encontrar el teléfono que yo quería. Algún lado positivo debe tener. Ahora ya no me cambio a pospago. La cuenta bancaria tuve que abrirla como no residente y hoy tuve que ir a cerrarla para abrir una nueva como residente. En fin, una perdedera de tiempo completa todo el tiempo con un montón de papeles y cosas.

Así se van los fines de semana, descansado del trajín de la semana y sin lograr todavía ponerme a trabajar en serio en mi trabajo de investigación. En unas semanas probablemente vaya a Francia a ver a mi directora de investigación para tratar de ver cómo encaminar el trabajo este año. A ver si logro coger impulso para ponerme las pilas y empezar a darle.

Desde que estoy en Barcelona mis impulsos viajadores no han resurgido. Parecería que la ciudad me llena y no tengo que estar saliendo todo el tiempo para desaburrirme. El viaje a Francia será el primero, y precisamente a Besançon, mala cosa ;)

Por el momento, pongo algunas fotos de estos dos meses, para que me vean la cara al menos.

Esta primera es de los primeros días con las amigas inglesas de Tessa, las que vinieron con ella en el carro que alquilaron. Aquí estábamos comiendo tapas a media noche en Gràcia, un barrio con bastante vida nocturna.

Esta fue la salida a Montornés, las últimas fotos que había puesto del desfile de gigantes. Pues aquí estamos con Tessa y el amigo catalán de ella que nos invitó. Y estamos desayunando casi a medio día con chocolate y churros.

Esto fue al final de mi primer curso de catalán. El profesor era muy buena gente. Se llamaba Andreu. Y aquí está a la izquierda un peruano, yo, el profe, y un ecuatoriano. Era la foto de despedida de los latinos…

Esta fue una fiesta en la casa de Tessa. Ahí estamos ella y yo.

Esta fue una salida con Zuzanna, la polaca, la otra que estuvo con nosotros en Francia el año pasado y que está ahora también acá. Sólo estamos nosotros tres porque todos los otros se fueron a hacer el segundo año en Inglaterra. Esto en el Parc de la Citadella, cerca a mi casa.

Y el picnic ya más hacia el lado de la playa.

Esto fue hace unos días, el cumpleaños de una compañera rusa. Ya se nota que las temperaturas han bajado un poco. Es en la terraza de un restaurante de la universidad.

Fiesta mayor de Montornés

Por acá todo va bien. Las vueltas administrativas no avanzan. Pero mi curso de catalán sí. Y la semana entrante ya empezamos clases del máster y empiezo un curso de inglés también.

El clima se puso un poco lluvioso unos días pero se mejoró bastante para la época de fiestas. Hoy fue la mayor de Barcelona y el fin de semana pasado la de Montornés, un pueblito a media hora de acá. En esencia es lo mismo, un desfile de gigantes y de cabezas con instrumentos populares. Y bueno, luego espectáculos como pirámides humanas y etcétera. Ahí van algunas fotos de Montornés.





Primeros días en Barcelona

Llevo más de una semana tratando de escribir este mensaje y hasta ahora no había logrado sacar el tiempo. A ver, hagamos un recuento sucinto en orden cronológico.

El primero de septiembre dejé todo organizado en Francia. Ya había comprado y arreglado mis nuevas maletas, había limpiado el cuarto y estaba listo para entregarlo. De mis 4 inmensas maletas, una se fue en carro hasta Barcelona (con Tessa, la irlandesa), otra se quedó en la casa de un amigo en Besançon y yo me llevé dos. Otro amigo en la noche me llevó en carro hasta la estación de tren. Y de ahí a Barcelona sólo fueron 12 horas con un cambio en la frontera en que nada más tuve que cambiar de lado de andén. Al llegar, hacia medio día, Tessa fue a recogerme en carro a la estación y me llevó hasta mi nuevo apartamento.

Así que el trasteo no fue gran cosa. Fue más difícil la llegada a Francia en el 2007 con una sola maleta que esta vez,aunque fuera mucho más cargado, por toda la ayuda que tuve. En el apartamento, que lo comparto con 3 argentinos, me esperaba uno de los muchachos que me dio la bienvenida y me explicó rápidamente.

De ahí para acá todo se encadenó y en nada ya se me fue armando mi nueva rutina. El cambio de ciudad no es nada que me desoriente. Habiendo estado cuatro veces en Barcelona, la última hace escasas semanas, la llegada acá fue de lo más familiar.

Tessa venía con tres amigas inglesas que venían a pasar unos días de vacaciones aprovechando el carro alquilado. El primer día, el miércoles, pasamos toda la tarde juntos. El jueves se me fue en desempacar y organizar todo en mi cuarto, en hacer las primeras compras de rigor para equiparme con lo mínimo y en volver a salir con las muchachas en la noche. Muy campantes estábamos comiendo tapas en una placita a media noche… a años luz de lo que es concebible en Francia.

Ahí va una foto de mi cuarto. Tengo un armario inmenso, un escritorio bastante pequeño en el que no me cabe todo con la comodidad que tenía en Besançon, una mesita de noche y una cama semi-doble. Me hace falta alguna especie de biblioteca, pero no tengo espacio y afortunadamente todos mis libros se quedaron en Francia. Las primeras noches hacía en mi cuarto más de 30 grados, ahora últimamente generalmente entre 25 y 30, así que agradezco el ventilador que tengo también. Y pues de lo único que me tengo que quejar es de la ventana. Tengo sólo una que da al patio interior. Lo bueno es que no tengo ruido (excepto el de los vecinos que hasta ahora han sido relativamente decentes) pero lo muy malo es que tengo muy poca luz (aunque estando yo en el séptimo piso supongo que debo tener mucha más luz que los pobres de abajo).

El apartamento está muy bien en todo caso, fue el mejor de los que visité en julio. Esta es la vista de la sala-comedor. La puerta que se ve a la derecha da a los dos cuartos y el baño de los hermanos que viven acá. Al tomar el corredor que se ve a la izquierda, está a la derecha primero la cocina, y luego al fondo, hacia la derecha también, otro hall que da a los otros dos cuartos que tienen otro baño compartido. Al fondo, derecho, la puerta de salida. Lo bueno del apartamento es que tiene esos dos espacios bien distintos, los cuartos del fondo son bien independientes de los del frente. El otro muchacho que está conmigo nunca está, así que prácticamente tengo ese espacio y ese baño para mí. Y bueno, hasta ahora la convivencia sin problemas, son muy tranquilos, poco ruidosos, limpios… ya veremos.

Y tenemos un balconcito también.

Y para seguir con el relato, el viernes fui con Tessa a la universidad. Ella se inscribió a un curso de español, yo al de catalán. Dimos una vuelta por la facultad, averiguamos sobre algunos trámites administrativos y se nos fue el día. El fin de semana lo dediqué a hacer un reconocimiento de los centros comerciales por la zona en que vivo. Es que el hecho de volverme a sentir por fin en una ciudad me despierta mis impulsos urbanos. Estuve los primeros días en una nube en medio de la gente, el tumulto, el tráfico, el metro…

Y recién desempacado y todo, empecé mi curso de catalán intensivo el lunes. Mi semana se resume a: a las 8:15 tenía que hacer alguna vuelta administrativa, luego tomaba el tren para ir a la universidad (media hora de viaje) para empezar mi clase a las 10. Al terminar a las 2, almorzar en el restaurante de la universidad y luego volver al centro a hacer otras cosas pendientes.

Creo que apenas estoy superando el descuadre de horarios. Empezar clases a las 10, almorzar a las 2 o 2 y media, comer mucho más tarde, pero igual levantarme temprano para hacer vueltas. En fin. Y pues ni hablar de la burocracia. Mientras no tenga la tarjeta de residencia yo no existo aquí. Y para tenerla me falta todavía un certificado de la universidad que llevo más de una semana esperando. Tuve que abrir una cuenta bancaria como no residente (más cara) porque todavía no existo (y después de 3 intentos porque cada sede del mismo banco pone sus propias reglas, en una me pidieron 50 euros, en otra 600 y en otra 300). Tuve que comprar mi nuevo teléfono en prepago (más caro) porque todavía no existo (y después de 5 o 6 intentos porque, primero, tenía que probar todas las posibilidades para un pospago y, segundo, cuando me decidí por el prepago, resulta que estaba agotado en todas partes). Aún no puedo meterme al gimnasio porque todavía no existo. Ni siquiera una simple tarjeta de puntos en una tienda puedo tener porque todavía no existo. Ah, pero bueno, por lo menos tengo un papel que dice que vivo. Porque el estado español permite que cualquier persona se empadrone, o sea declare su domicilio acá, sea cual sea el estatus que tenga. Así que vivo, pero no existo. Y así será por al menos un mes y medio más.

Y bueno, entre el curso y la burocracia se fue la semana. Para completar, el lunes me empezó a doler la garganta, hacia el miércoles, jueves me empezaron los mocos y los estornudos y terminé la semana encerrado en mi cuarto esperando a que me pasara la gripa. Ya creo que sobreviví y estoy listo para volver a mi curso mañana en la mañana.